miércoles, 29 de noviembre de 2006

Capitulo II

Antes de saber que de nuevo estaba despierta, mi cerebro ya había empezado a trabajar. Tras incontables ocasiones, adaptado ya a la rutina, comenzaba por sí solo a adaptar mi cuerpo a las condiciones de la cámara de entrenamiento. Pasaron aún unos minutos hasta que pude abrir los ojos y vi a Pier por la escotilla de la puerta de la cámara, esperando a la descompresión de ésta para entrar y ayudarnos. En otra estación de entrenamiento vi a Ryan, aun dormido, pues no estaba habituado a estas situaciones. Por fin la gravedad alcanzó el valor estándar de 0,5g, y Pier pudo abrir la puerta y entrar.
-Casi te gana –comentó mientras me soltaba las correas que me unían a la estación de entrenamiento. Cuando me dejó libres las manos yo misma desconecte el cable axial que unía mi cerebro con la máquina.
-Tú mismo lo has dicho, casi. Ha sido sorprendente la forma en que se movía por la selva sin haber sido entrenado. Ve a ver que tal está él, que ya termino yo.
Cuando me acerqué a Ryan este ya había despertado y estaba vomitando, ayudado por Pier.
-A todos nos pasa la primera vez –le decía Pier–. El cerebro tarda en acostumbrarse a que en realidad no estás en la Tierra. Tendrías que considerarte afortunado, pues eres el primero no Militar en entrar en estas instalaciones. Ayslinn se está jugando nuestros cuellos al traerte aquí.
-Tranquilo. Hoy no vendrá nadie, es día de permiso por no sé que reunión del Alto Mando. ¿Te encuentras mejor? Buena idea la de subirte al árbol, casi caigo en la trampa. Te has defendido bien para ser un Agricultor.
-Sí, ya estoy mejor. Así que de esta manera os entrenáis, mediante simulaciones en gravedad.
-Sí. En combate terrestre sí. Luego tenemos la cámara de entrenamiento en gravedad 0. Sí quieres podemos visitarla también.
-No, gracias. Creo que ya he tenido bastante por hoy.
Ryan no había sido educado para ser Militar, y nunca lo sería. En este destierro que estábamos sufriendo la profesión que ejercía cada uno venía determinada por la de sus padres. Los míos eran comandantes de las fuerzas militares y de seguridad, al igual que mis abuelos, por lo que yo había tenido que ingresar también en el ejército. Por el contrario, Ryan se dedicaba a darnos de comer a todos con los escasos recursos de que disponíamos, al igual que lo hacían sus padres, y antes los padres de sus padres. Para ello eran fundamentales sus estudios en Ingeniería Agrícola. Había visitado los niveles de cultivo, y era increíble que con apenas unas gotas de agua pudiese desarrollarse la cantidad necesaria de alimento para abastecernos a todos.
Salimos Ryan y yo dejando a Pier encargándose de borrar cualquier huella de nuestra visita a la cámara de entrenamiento, y nos dirigimos al nivel de ocio. No eran frecuentes las relaciones fuera de los círculos impuestos por la profesión, salvo las estrictamente profesionales, pese a lo cual nosotros habíamos desarrollado una fuerte amistad desde los tiempos de la escuela primaria.
Debido a mis privilegios como sargento, pudimos montar en un turboascensor que llevaba directamente al nivel de ocio. A mitad de camino empezaron a parpadear las luces de la cabina, y empecé a notar un ligero balanceo.
-No pasa nada, es normal –contesté a la muda pregunta de Ryan. Pero no lo era. Jamás me había ocurrido algo parecido. Instantes después notamos una sacudida, y repentinamente el turboascensor se paró lanzándonos a gran velocidad contra el techo. Volvimos a caer al suelo, y entonces se apagaron las luces.

Y a pesar de lo que diga Óscar, este es uno de los mejores libros que he leído últimamente: Juego de tronos, de George R. R. Martin, publicado por Gigamesh, es de lo mejorcito de la literatura fantástica, pues no abusa de ella, sino que la utiliza como mero elemento decorativo. El libro trata de las intrigas de los nobles en el continente de Westeros, un mundo en el que las estaciones duran años. Es la primera entrega de la serie Canción de hielo y fuego. Espero poder leer pronto el segundo y el tercer libro de la serie, titulados Choque de reyes y Tormenta de espadas. Si son al menos igual de buenos que el primero estaríamos ante la mejor serie de literatura fantástica de todos los tiempos, superando a El señor de los anillos de Tolkien.

Fiesta del A.D.V.A.

El pasado viernes 24 tuvo lugar la anual cena de Navidad del equipo senior másculino de la Agrupación Deportiva Villa de Algete, con la unión de parte del equipo de 1ª Autonómica. El evento tuvo lugar en el Asador Castilla, en la madrileña localidad de San Sebastián de los Reyes, y tras unos pocos minutos de espera por la gente que aún no había podido aparcar (si es que los GPS todavía no dicen donde aparcar, ¿verdad Rubio?), dio comienzo el conduminio, las risas y las anécdotas de todo tipo y color.Tras la cena, en la que algunos tardaron más que otros (¡como pueden confundir un maravilloso entrecot con una pierna de cordero!), se decidió ir a tomar la primera al garito que había enfrente del asador. Algunos ya empezaron a ponerse tibios, entre lo bebido en la cena y esta primera copa, como demuestran algunas imagenes...Y tras salir del garito, algunos decidimos que teniendo que trabajar al día siguiente, ya estaba bien de juerga, pero otros la continuaron en Madrid hasta altas horas de la mañana. Lo que nadie sabe en realidad es como consiguieron volver a sus casas en el estado en el que se encontraban. El año que viene más.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Capitulo I

Apoyé la espalda contra el tronco de un robusto árbol y respiré hondo. Noté como una gota de sudor resbalaba por mi espalda, mientras escudriñaba la densa selva, en busca de mi objetivo. Llevaba más de dos horas perdido en aquella inmensidad de exuberante vegetación, con una temperatura superior a los 40º y una humedad aplastante. No estaba habituado a estas situaciones, éste no era mi hábitat natural, y no sabía como me había dejado convencer para conocer las regiones selváticas de La Tierra.
Me sobresalté al oír un ruido hacia mi derecha, de hojas quebrándose bajo el peso de alguien caminando, y levanté raudo el fusil que tenía apretado contra mi cuerpo mientras me agachaba, hincando una rodilla en el suelo. Quedé en tensión, esperando a ver que era lo que salía de la espesura, pero nada se movió, ni siquiera el aire.
Pasó más de un minuto antes de que me permitiese relajarme; me pasé una mano por la cara para secarme el sudor que la empapaba y solté el aire que tenía retenido en los pulmones. Jamás en mi vida había tenido un arma en mis manos, pero no me resultaba incómodo llevar aquel fusil de asalto. Es más, en aquella región me sentía más a gusto, más seguro, llevándolo encima. Lo agarré con fuerza, me levanté y comencé a caminar de nuevo, lentamente, intentando no provocar ningún ruido, pero era tarea inútil, pues yo no estaba acostumbrado a moverme sigilosamente y, menos aún, por terrenos selváticos. Me detuve de nuevo, pensando en la mejor forma de actuar. Tras unos instantes de reflexión, me quité el cinturón en el que portaba un par de cargadores de plasma para el fusil y un machete, y lo dejé sobre el suelo. Me coloqué el fusil en la espalda, y comencé a trepar a uno de los múltiples árboles que había a mi alrededor, a unos diez metros de donde había dejado el cinturón. El tronco del árbol era tan ancho que tres personas uniendo sus manos no hubiesen conseguido rodearlo, por lo que las ramas seguían siendo bastante gruesas a una cierta altura. Subí 4 o 5 metros, me tendí sobre una de las ramas y volví a coger el fusil. No sabría andar sigilosamente por la selva, pero sí tenía la suficiente paciencia para quedarme absolutamente quieto durante largos períodos de tiempo.
Confiando en que la ropa de camuflaje me escondiese lo suficiente, me dispuse a esperar. Pero no habría pasado ni un cuarto de hora desde que había trepado al árbol cuando algo llamó mi atención. No había oído absolutamente nada, pero había creído ver un movimiento por el rabillo del ojo. Lentamente, sin precipitarme, giré la cabeza, y pude observar como parte de la selva se movía lentamente. Fijé más la mirada, y distinguí la figura de un cuerpo humano, envuelto como yo en ropas de camuflaje, y con la cara y las manos pintadas; por su aspecto debía ser militar, y la pequeña automática que llevaba debía ser, en sus manos, igual de mortal que el rifle de asalto que yo tenía..
“Por fin”, pensé. “Ya eres mía”. Debía modificar mi postura en la rama del árbol para conseguir disparar contra la figura, con lo que lentamente comencé a moverme. El fusil rozó la rama, lo que hizo que apartara la mirada, y antes de volver a mirarla, ya sabía que me había visto. Nuestras miradas se cruzaron, y pude distinguir que era una mujer; distinguí el blanco de sus ojos y su pelo rubio entre el fango que le cubría la cara, antes de que levantase la pistola y disparase. Noté el dolor que el proyectil de plasma causaba sobre mi cuerpo, y la fuerza del impacto hizo que resbalase de la rama en la que estaba tendido cayendo al suelo. Antes de llegar a chocar, se hizo la oscuridad en mi cerebro y perdí el conocimiento; pero durante la caída me dio tiempo a pensar que todo había acabado...


Y aquí está mi primera recomendación: Forastero en tierra extraña, de Robert A. Heinlein, editorial Plaza&Janés. Es un libro ya antiguo, de 1961, pero a mí me gustó bastante cuando lo leí. Fue considerado la biblia de Charles Manson y sus seguidores, y el libro de cabecera de la comunidad hippie de los 60. El libro es una crítica a la sociedad norteamericana con algunas pinceladas de ciencia ficción. El argumento; bien, trata de una expedición a Marte en la que sus integrantes eran parejas de científicos. Dicha expedición acaba en catástrofe, y años después se manda otra expedición que se encuentra con el hijo de dos de los científicos que ha sido criado todos esos años con los marcianos. Y a partir de ahí cuenta las peripecias del joven cuando es llevado de vuelta a la Tierra.

Yo también me apunto

Pues eso, que yo también me apunto a la moda del grupo de crear un blog. Pero mis apariciones serán más esporádicas, pues como todos ya sabéis, no tengo internet en casa. La idea que tenía para este blog era ir publicando una historia en capitulos breves, así que espero que os guste, pues yo me he ilusionado bastante con ella. La historia que voy a contar llevo dándole vueltas en la cabeza bastante tiempo, pero como comprendereis al leerla, era imposible de realizar en corto, qué se que varios me habéis preguntado ya por cómo va el guión. Pues mal, porque no se me ocurre ninguna historia decente de contar para que salgais todos y que no transcurra en un cementerio (se me ocurrió una muy buena en uno, pero...). También de vez en cuando iré colgando alguna otra cosa de mis vivencias. Y por cierto, ya sé que soy un copión, pero cada vez que cuelgue un capítulo, recomendaré un libro, al igual que hace Oskitar con las canciones. Pues nada más, que tengais un buen final de semana laboral.